Marco y su cometa negra me llenaron los pies de arena.
Con restos que encontró, hilo de atar costales y bolsas de basura, Marco ha hecho la cometa más voladora de la duna donde juegan todos.La cámara alborota a los niños, disfuerzos, caras pegadas al lente, risas. Todos dejan sus estropajos de cometas para ver el nuevo juguete que ha aparecido, de la nada, frente a ellos. La miran, y se miran en el encuadre. Pero Marco no, porque hay buen viento, y ha subido hasta lo más alto, hasta el cementerio de su arenal, para volar cometa, y no para otra cosa.
La tecnología no lo alucina, los visitantes tampoco. Tuve que seguirlo, llamarlo, pedirle que me muestre su juguete. Es el mayor de los cinco, y el más callado. No es fácil de convencerle que deje un ratito el juego que lo tiene ensimismado. El día se le acaba y aún hay buen viento.
¿Te gustan las cometas? –Si... -¿Y quién te enseñó a hacerlas? –Mi hermano...
¿Qué sientes cuando vuelas con tu cometa? -Siento el aire.
Ni una palabra más. La cometa está impaciente por levantar vuelo otra vez, y se lleva a Marco a dar vueltas por el aire. Sonríe. Y camina más alto, más alto.
La duna más grande no es suficiente. Trepa a un muro, y al filo de los dos metros que lo separan de la arena guía a su cometa negra, que hace remolinos con su cuerpo negro de basura, con su cola negra de plástico residual. Su delgadez deja pasar la luz de un sol blanco que no calienta, pero al menos allí está.
Desde allá arriba se ve todo Villa el Salvador, y no se oye nada, más que los gritos de admiración de sus amigos. Y el viento.
¿En que piensas cuando ves tu cometa volando? –En nada. -y sonríe otra vez- En el viento.Su mirada y sus cachetes me dicen que no es de aquí. Que acaba de llegar, y que trae su expresión y su silencio de algún otro lado donde aún no se pierde la buena costumbre de escuchar alrededor; donde vale la pena callar y observar, donde aún no usan el ruido para aturdir la cabeza.
Marco no pregunta quienes somos, si saldrá en algún canal, o si le daremos propina. Hace caso a nuestros pedidos, sin hablar, pero divertido; porque ahora le pedimos que siga volando su cometa. Ya lo perdimos. Ya no va a bajar de su muro, ni va a hacer caso del lente que le apunta. Marco está en el aire, y conversando con el viento.
domingo, 29 de julio de 2007
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